Muchas culturas creen que los muertos regresan al mundo de los
vivos para visitar a sus familiares, al menos una vez al año
 

Todos los Santos
y Día de Difuntos
Cuando se abre la puerta entre los mundos
y los muertos regresan para visitarnos


 



 
 
 
 
 

Desde que el hombre empezó a enterrar a sus muertos, ha sentido la necesidad de seguir manteniendo un lazo invisible con sus seres queridos desaparecidos. Como decía Gregorio Marañón, “Nadie más muerto que el olvidado”.

Durante la celebración de la noche del 31 de octubre al primero de noviembre, el sentimiento de proximidad con los difuntos era tal, que cualquier ser vivo podía descender al mundo inferior para comunicarse con ellos en una especie de confusión cósmica, lo que ha dado lugar al nacimiento de una multitud de leyendas al respecto. Durante esta noche, los muertos podían estar entre los vivos, era el tiempo cuando el velo entre los mundos estaba más delgado y los vivos podían también comunicarse con sus seres queridos ya fallecidos.

Según escribe Dolors Llopart en su libro  "El origen de la fiesta de todos los Santos", "las fiestas de Todos los Santos y Difuntos son, en sus raíces, fiestas otoñales que nos anuncian la inminente proximidad del invierno. La tierra, símbolo femenino, aparece yerma en esta época del año, cubierta de rastrojos, después de la tala o la siega hechas en julio o en agosto, pero después de recibir la semilla, símbolo masculino, esta tierra se torna en esperanza de continuidad de la vida para todos los humanos. Estas fiestas representan, en cierta manera, un momento de acuerdo o de reencuentro entre el mundo de los muertos, simbolizados en el mundo real por la tierra yerma, y el mundo de los vivos, simbolizados por las semillas que se sembrarán y que harán posible la vida en el futuro".

Esta festividad se enmarca dentro de la tradición del culto a los muertos. No es extraño que tenga lugar justamente en otoño, cuando la naturaleza va muriendo poco a poco y se prepara a cubrirse con el sudario blanco del invierno. Son muchas las tradiciones que concurren en estas fechas: desde las referencias literarias, como el don Juan Tenorio de Zorrilla, hasta las puramente gastronómicas que nos conducen a los aspectos más lúdicos de la celebración.

En efecto, antiguamente, después de cenar, se celebraba la castañada, comida familiar dedicada a los muertos y que era recuerdo de las antiguas comidas funerarias. Se hacía la cena habitual y seguidamente se comían las castañas asadas al fuego del hogar, así como los panellets o buñuelos u otros dulces propios del día, y se bebía vino, que tenía que ser dulce o blanco. Las castañas asadas se colocaban encima de la mesa y todo el mundo iba cogiendo a su discreción. Esta costumbre de comer castañas, se complementa con la de consumir, también asado, sólo o con azúcar, un tubérculo parecido a la batata (de la cual es una variedad): el boniato.
 

El origen de la fiesta de Todos los Santos
Durante la persecución de los cristianos por el emperador Diocleciano, hubo tantas muertes que no se podían conmemorar todas una por una y santo por santo. Así surgió la necesidad de organizar una fiesta común que pudiera rememorar a todos. Pero hubo que esperar hasta principios del  siglo VII para que ello tuviera lugar.

Fue Bonifacio Ill quien consiguió del emperador Focas un edicto reconociendo a Roma como cabeza de todas las Iglesias, pero en la disputa, concedió al patriarca de Constantinopla el título de «patriarca ecuménico».
Bonifacio III murió a los nueve meses de pontificado, el 12 de noviembre del año 607. El 15 de agosto del 608 fue consagrado obispo de Roma un monje benedictino originario de los Abruzos, con el nombre de Bonifacio IV. Con motivo de su elevación al solio pontificio, recibió un presente importante: el emperador Focas le regaló el Panteón.

Este templo de planta circular, coronado por una impresionante cúpula, había sido construido en el año 27 antes de Jesucristo por Agripa en honor de todos los dioses. Bonifacio decidió al punto convertirlo en iglesia y, en el año 609, consagró el edificio a «Santa María de los Mártires», en memoria de todos los que habían derramado su sangre por dar testimonio del único Dios. Se instituyó entonces la fiesta de Todos los Santos.
Por otro lado, en el año 998, San Odilón, abad del Monasterio de Cluny, en el sur de Francia, añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada Fiesta de los "Fieles Difuntos".

La fiesta de Todos los Santos inicialmente se hacía en el mes de mayo, hasta que el Papa Gregorio III  (731-741) la cambió al 1 de noviembre, fecha que ha venido celebrándose hasta nuestros días. Este cambio se produjo debido a la conversión (o a los intentos de conversión) al Cristianismo de los pueblos de tradición pagana que se negaban a abandonar sus raíces y fiestas. Los dirigentes católicos pensaron que, al instaurar fiestas nuevas en la misma fecha y de similar apariencia doctrinal que las antiguas o propias de estos pueblos, les sería más fácil a estos nuevos creyentes ir abandonando sus antiguas creencias, sin que esto supusiera desechar su cultura e identidad.
 
 




Celebración del Samhain entre los célticos


 






El 'Samhain'
Al conquistar los romanos a los celtas, influenciaron el mundo céltico con su cultura, tradiciones y festivales. Más adelante, con la llegada de los cristianos, éstos últimos consideraron que los celtas adoraban al diablo, aunque el diablo nunca existió en la religión céltica. Los cristianos determinaron que la manera de convertir a los celtas al cristianismo era adoptando -y adaptando y 'santificando'- los festivales de los celtas en otros religiosos. Así, el 31 de octubre se convirtió en la víspera del día de Todos los Santos (All Hallow's Eve). Pero los pueblos celtas nunca aceptaron del todo las tradiciones cristianas y por eso todavía están vigentes algunas de las tradiciones de la  noche del 31 de octubre, que para ellos y también en otros muchos países, especialmente en la cultura anglosajona, es una noche de magia, brujas y fantasmas.

La víspera del 1 de noviembre se celebraba el 'Samhain', fiesta pagana celta que marcaba el final del verano y las cosechas e introducía los días de frío y oscuridad. Para los celtas, que dividían el año en dos partes, verano e invierno, el cambio de estaciones adquiría una importancia mágica. Samhain era el festival más importante, ya que era el último día de la cosecha y el comienzo del invierno. Concretamente, este festival se celebraba entre finales de octubre y principios de noviembre.
 
 




El dios de la muerte de los celtas, Samhain, permite
a los muertos que vayan a visitar a los vivos


 






El primero de noviembre constituía para los celtas una de las grandes festividades del año. Representaba el comienzo del año, el final del verano y el principio del invierno. Era un tiempo de recolección de semillas y matanzas de animales con el fin de aprovisionarse para las inhóspitas y largas jornadas invernales. La noche anterior, organizaban festivales para celebrar el cambio de estación y la llegada del año nuevo. Pensaban que durante la noche del 31 de octubre, los espíritus de los muertos regresaban para comunicarse con los vivos. La vida y la muerte entraban en comunión y todas las barreras que separaban a los dos mundos se derrumbaban. De esta manera los vivos podían consultar con los espíritus de sus antepasados los temas de interés y al mismo tiempo solucionar culpas y errores del pasado que habían quedado pendientes, se libraban de viejos compromisos, adoptaban nuevos hábitos y podían averiguar el futuro. De alguna manera esos espíritus benefactores orientaban a los vivos en asuntos importantes del presente librándolos al mismo tiempo de las mentiras del pasado.

Pero los druidas pensaban, además, que durante la noche del 31 de octubre Samhain, el caballero de la muerte, convocaba a todos los espíritus maléficos. Para ahuyentarlos encendían hogueras con el convencimiento de que el fuego purificador acabaría con ellos. Los celtas, insistimos, creían que en esa noche, la puerta que separaba el mundo de los vivos y el de los muertos desaparecía. Para mantener a estos espíritus contentos y alejar los malos espíritus de sus hogares, los celtas dejaban comida o dulces fuera de sus hogares. Esta tradición se ha mantenido en el tiempo y se ha convertido en lo que hoy llamamos 'trick or treat' (trato o truco), donde los niños van de casa en casa, disfrazados y pidiendo dulces.

Por su parte, el pueblo romano celebraba el 21 de febrero la fiesta de 'Feralia', en la que ayudaban con sus oraciones a la paz y el descanso de sus difuntos. Con la invasión romana, la cultura celta se mezcló con la de los césares y la religión de los druidas terminó por desaparecer. Sin embargo, la "fiesta de los muertos" no se perdió del todo. Los romanos la mezclaron con sus Fiestas de Pomona, dedicadas a la diosa de la fertilidad y de las cosechas, y así el primitivo 'Samhain' de los celtas pudo sobrevivir al paso del tiempo conservando gran parte de su espíritu y algunos de sus ritos. Con el Cristianismo esta vigilia se llamó, como ya hemos dicho antes, “All Hallow´s Eve” (Vigilia de Todos los Santos) y su importancia fue creciendo con el paso del tiempo, así como se fue transformando hasta llegar a lo que hoy se conoce como “Halloween”.

Halloween
Los celtas habitaban en las Islas Británicas, Irlanda, Escandinavia y al oeste de Europa. Sus sacerdotes (druidas) iban casa por casa exigiendo toda clase de alimentos extraños para su propio consumo y para ofrecerlos más tarde a su dios Samhain. Los druidas llevaban consigo un gran nabo hueco ("turnip") y formaban caras grotescas en estas calabazas y encendían carbones dentro de ellas. Esta calabaza simboliza el espíritu del cual ellos dependían para obtener sus poderes y conocimientos. El nombre de este espíritu era Jock. A fines del siglo XIX, los irlandeses introdujeron esta fiesta en América y le pusieron "Jack quien vive en la lámpara" o "Jack O`Lantern".

 Gradualmente esta fiesta fue adquiriendo, con el paso de los años, un carácter siniestro, incluso llegándose a creer que, ese día, fantasmas, hadas, duendes, brujas y demonios de toda clase, paseaban por las calles de todos los pueblos y ciudades del mundo. Pese al cúmulo de coincidencias y de ritos superpuestos, la fiesta cristiana conservó guiños de la versión ancestral iniciada por los celtas y continuó siendo para siempre la noche de los que tributaban un especial interés por la muerte y el más allá. Más tarde, se llegó a la comercialización de esta "fiesta", sobre todo en Estados Unidos, buscando la ganancia económica por la venta de dulces, disfraces, tarjetas, posters, etc., que representasen ese "Día de los muertos".

Con el paso del tiempo a esta celebración celta se le fueron añadiendo algunos adosados, tal es el caso de la costumbre de disfrazarse durante esa noche y utilizar calabazas huecas con una vela encendida en su interior. Hay quien afirma que la costumbre de disfrazarse durante esa noche tiene su origen en la Edad Media cuando algunos bandoleros se aprovecharon de estas creencias y después de cometer sus fechorías culpaban a los espíritus y se disfrazaban de diablos y espantos para hacer más creíble su cuento.
 
 




La fiesta de Halloween ha perdido su primitivo
significado religioso y se ha convertido en una
excusa para el consumismo


 






Una fiesta internacional
La internacionalización de Halloween se produjo en los años 80 y actualmente es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense, aunque en la actualidad esta fiesta se ha extendido a numerosos países ajenos a las costumbres anglosajonas, incluida España. Hoy la celebración de la fiesta de Halloween carece de todo sentido religioso y su origen es prácticamente ignorado por la mayoría y, desde luego, nada tiene que ver con los rituales de los druidas ni con los pueblos celtas que dominaban la mayor parte del oeste y centro de Europa durante el primer milenio a.C.

Halloween se ha convertido en un motivo más de lucro comercial dado que muchos establecimientos nos ofrecen para esa noche un lote completo con todo lo necesario (disfraz, calabaza, dulces, velas, etc.) para disfrutar de la velada. Además la industria cinematográfica, tan aficionada a la explotación disparatada de cualquier acontecimiento ha convertido la noche de Halloween en sinónimo de muerte, asesinato y destrucción, contaminando con sus descabelladas versiones los ritos ancestrales de nuestros antepasados.

En cualquier caso, la celebración de la noche de Halloween arranca de estas tradiciones celtas y, sobre todo, de los viejos rituales de los druidas que pretendían alejar a los espíritus malignos que durante la oscuridad hacían acto de presencia en sus vidas. Actualmente sólo nos ha quedado este segundo aspecto de la tradición celta. Por este motivo Halloween significa noche de miedo y terror, donde los espíritus del mal se acercan sigilosos con intenciones perversas. Algunos se disfrazan, otros celebran rituales de fuego y alcohol y todos pretenden espantar a los fantasmas y las brujas que supuestamente vuelven del lado oscuro para hostigarnos.
 
 



Las típicas calabazas iluminadas


 


La calabaza y la historia de Jack O'Lantern
La costumbre tan extendida de utilizar calabazas cortadas en forma de caras grotescas e iluminadas con velas por dentro parece que tiene su origen en los juegos de los niños irlandeses quienes usaban papas y nabos para tal fin. El nombre de estas calabazas arranca en la leyenda de un borracho llamado Jack, quien con trucos logró que el diablo le prometiera no volver a perseguir su alma. Según la leyenda, al morir no lo dejaron entrar en el cielo por tacaño y sediento, así que tuvo que irse al infierno y el diablo lo condenó a vagar por el mundo hasta el día del Juicio Final. El diablo le tiró un carbón encendido para que pudiera ver en la oscuridad y Jack lo puso dentro de un nabo que se había estado comiendo. Ësta es la historia completa:

Un hombre irlandés, tacaño y muy bebedor, llamado Jack, tuvo la mala fortuna de encontrarse con el diablo en un bar, en la Noche de Brujas, como algunos afirman. Jack había bebido mucho y aún tenía mucho más por beber, estaba a punto de caer en las garras del diablo. Pero pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago. El diablo se transformó en una moneda para pagarle al camarero, pero Jack rápidamente lo tomó y lo puso en su monedero. Como Jack tenía una cruz en su monedero, el diablo no pudo volver a su forma original. Jack no dejaría ir al diablo hasta que le prometiera no pedirle su alma en 10 años.

Diez años más tarde, Jack se reunió con el diablo en el campo. El diablo iba preparado para llevarse el alma de Jack, pero Jack pensó muy rápido y dijo: "Iré, pero antes de hacerlo, ¿me pasarías la manzana que está en ese árbol por favor?". El diablo pensó que no tenía nada que perder, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes de darse cuenta, Jack ya había tallado una cruz en el tronco de un árbol con un cuchillo. Entonces el diablo no pudo bajar, quedándose sin atrapar a Jack y sin obtener su alma. Jack lo hizo prometer que jamás le pediría su alma nuevamente, y el diablo tuvo que aceptar, pues no le quedaba nada más por hacer.

Jack murió unos años más tarde, pero no pudo entrar al cielo, pues durante su vida había bebido mucho y había sido un estafador. Pero cuando intentó entrar por lo menos al infierno, el diablo tuvo que enviarlo de vuelta, pues no podía tomar su alma. "¿Adónde iré ahora?", preguntó Jack, y el diablo le contestó: "Vuelve por donde viniste". El camino de regreso era oscuro y con mucho viento. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido directamente del infierno, para que se guiara en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que iba comiendo, para que no se apagara con el viento.

 Y Jack quedó condenado a caminar en la oscuridad eternamente...
 
 



También los griegos creían que su dios
de la muerte, Hades (el Plutón romano)
dejaba salir a los muertos por un día


 


La fiesta en la cultura mediterránea
Por lo que se refiere al mundo mediterráneo, los antiguos griegos pensaban que entre el 1 y el 2 de noviembre, el dios de los muertos Hades permitía el ascenso hasta la superficie de la Tierra a los espectros de quienes habían sido buenas personas durante su vida, para que pudieran manifestarse a sus descendientes y hablar con ellos mediante ruidos. Una creencia similar perdura en el mediterráneo occidental, donde se visitan los cementerios, se habla con los muertos, se adornan sus tumbas con flores y se cree que las almas vuelven desde el mediodía del 1 hasta el mediodía siguiente, e incluso que descansan sobre las barras de las sillas y que nos hablan desde el interior de los cántaros.

 Y también en algunos lugares se encienden fuegos con propiedades mágicas, las 'maripositas' de la noche del 31 de octubre, unas lucecitas especiales que arden flotando sobre una capa de aceite los días de Todos los Santos y de Difuntos, y que sirven para señalar a las almas el camino hacia su casa.
 



Granadas y piñones, los frutos que los ibicencos dejaban
para que comieran los familiares muertos que iban a visitarlos


 


Como las almas de los difuntos volvían en busca del calor del hogar y para confortarse por la buena acogida que les dispensarían los parientes, en muchas casas del campo de Ibiza se les dejaba una luz encendida y comida sobre una mesa, especialmente granadas y piñones, ambos frutos abiertos, para que al comerlos, los familiares difuntos que venían de visita hicieran el menor ruido posible y no despertaran a los vivos que dormían tranquilos. En las masías de los Países Catalanes se les preparaba un lecho caliente por si querían acostarse, cosa que también perdura en muchos pueblos del País Valenciano, donde era costumbre que el día de difuntos se hacía la cama de buena mañana, se dejaba preparada con una esquina semi abierta (la girà) y se iba a 3 veces a misa, para dar tiempo a que las almas pudieran acostarse y descansar.

(Las tradiciones y costumbres existentes en Ibiza y Formentera en estos días tan señalados, pueden leerse de forma más extensa en la sección correspondiente de esta web. Ver enlaces al final del artículo).
 
 



Los cementerios reciben un especial cuidado
y limpieza en esta festividad


 






El Día de Difuntos
Más allá del hito anual del cambio de estación y de las novedades gastronómicas, los aledaños de los días 1 y 2 de noviembre se llenan de misterio y de culto a los muertos y a sus almas. Estas fechas se celebran en España con unas características especiales. Durante los días precedentes los familiares de los difuntos realizan frecuentes visitas a los cementerios con el objeto de  limpiar a fondo las losas de las sepulturas de sus allegados y adornarlas con todo tipo de flores, entre las que destacan los crisantemos.

La visita a los cementerios se realiza el 1 y el 2 de noviembre. Es un rito de recuerdo y homenaje a los antepasados. En todas las iglesias se ofician misas en memoria de estos seres queridos que sirven para acortar los supuestos años de purgatorio en el más allá. La estancia de los familiares en el camposanto será más larga si la muerte se ha producido recientemente. En cualquier caso, no puede decirse que sea un hábito generalizado, pues la población que visita los cementerios suele ser la de mayor edad. Muchos españoles sienten una profunda aversión ante cualquier situación relacionada con la muerte y optan por ignorarla, tal vez con la esperanza de que esa actitud consiga alejarla de sus vidas. En todo caso, los familiares visitantes encienden velas durante toda la noche y el cementerio permanece abierto. Ninguna tumba queda desprovista de luz y flores.
 
 



Dos momentos de la visita a los muertos en el Día de Difuntos


 






El rito
Todas las sociedades organizan ceremonias para conmemorar, celebrar o despedir personas y situaciones. La vida y la muerte así como todo lo que concierne al cuerpo son, en la universalidad de las sociedades humanas, objetos de ceremonia. La celebración del Día de Difuntos ha sido tradicionalmente en España una fiesta exclusivamente religiosa e íntima en la que se recuerda a los seres queridos que han muerto. Una ceremonia solemne que incluye pocos detalles lúdicos. Mientras en otros países latinos, como México, dan a la fecha un carácter mucho más festivo y más cargado de contenido ritual.

La actividad ritual suele desarrollarse en los momentos transcendentales de mutación de la existencia individual o colectiva y nace de nuestras propias emociones. Ritualizar consiste en traducir esas emociones en un relato, por eso se asocia al mito, como relato simbólico. Se trata de una forma de repetición práctica del contenido mítico frente a la muerte, el mito narra el viaje del alma después del óbito. El mito se convierte así en parte integrante del rito como fórmula de expresión verbal del pensamiento.

En nuestra sociedad el procedimiento ritual ha ido perdiendo su eficacia aunque, en términos generales, se sigue manteniendo inamovible su estructura. En las sociedades tradicionales, el individuo no es nada fuera del grupo social que lo estructura y se encarga de él. La muerte no es percibida como un mal supremo ni como el escándalo por excelencia puesto que se reduce a una pérdida fragmentada y provisional. Para paliar su impacto, que no es más que un accidente de trámite para el grupo, los ritos de gran complejidad expresan la solidaridad entre los vivos y los difuntos porque regulan el luto -las señales de dolor-, y aseguran el status del difunto para que una vez integrado en el mundo de los ancestros, participe de la continuidad del grupo.

Pero, por otra parte, parece evidente  que las tradiciones populares con tintes religiosos, como las del Día de Difuntos, están en riesgo de desaparecer, porque los referentes culturales de nuestros antecesores distan de los de muchos jóvenes de hoy. El 'pasotismo' general y el desinterés por conocerlas y no ser participantes de las mismas es cada vez mayor. El mundo occidental, hoy en día, plantea una negación de la existencia de una vida futura después de la terrena.

El cementerio, en estos dos primeros días del mes de noviembre, es la inmensa plaza pública donde asoman las más inusitadas manifestaciones y  los más extraños encuentros entre vivos y difuntos. El bullicio de las grandes ciudades contrasta con los cementerios rurales que se convierten en lugar de múltiples reencuentros. En este día se expresa la máxima del sentir popular  “más vale llevarse bien con los muertos”.

El cementerio representa el lugar cerrado, lúgubre, donde moran los difuntos. Esta separado del mundo de los vivos por una elevada tapia que disimula  o esconde a la vista la fría arquitectura funeraria y es reconocida casi siempre por los espigados cipreses que lo circundan. La piedra de las tumbas invita a su perennidad,  y la imagen o fotografía del difunto manifiestan una simbología determinada: la perpetuación, en este otro mundo, de su memoria. El enterramiento de nuestros seres queridos sugiere una idea de sacralidad conectada a cierta reflexión más allá de la vida cotidiana.

Aparte de visitar los cementerios, también a modo de ofrenda se llevan flores a los difuntos. Las coronas, los ramos, los centros, son los elementos estéticos que poetizan la arquitectura fría de una tumba. Las flores más características son el clavel y el crisantemo. Antiguamente, las flores cumplían la función de enmascarar el olor a descomposición del muerto.

Otro elemento simbólico que se hace manifiesto este día son las velas. Las velas encendidas, segúncuenta la tradición,  iluminaban el camino que tenían que seguir las almas de los difuntos para llegar a este otro mundo.
 
 



La 'castañada' es típica de estas fechas


 






Castañas, dulces y alimentos especiales
Una parte de la humanidad, culturalmente significativa, considera que el invierno, la estación más lúgubre y fría, la "muerte" de la Naturaleza, se inicia 40 días después del equinoccio de otoño (22 de septiembre), con la celebración de unas fiestas que llamamos de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Es el momento de rendir culto a los muertos, y eso se vincula con a la vuelta de sus almas durante esos días y a diversas manifestaciones de su presencia entre nosotros.

 Pero asimismo, la clausura de ciclos económicos o naturales va seguido de la preparación para la nueva época de penuria, con el consiguiente acopio de reservas nutritivas mediante la ingestión organizada de alimentos muy ricos en féculas y azúcares, preparados de forma especial para celebrar esos días y para conservarse durante toda la nueva estación, el invierno. Así pues, el inicio del invierno tiene su repertorio culinario particular, desde los alegóricos buñuelos de viento (recordemos que la palabra ánima significa viento, en griego) a los más humildes boniatos y calabazas al horno.

En una nota menos macabra y más gastronómica conviene señalar  que, aparte de las ya mencionadas y típicas castañas, es habitual consumir ciertos dulces característicos de esta época del año. Podemos encontrar en cualquier pastelería que se precie los buñuelos de viento (cuenta la tradición que cuando te comes un buñuelo sacas un alma del purgatorio) y los huesos de santo, que son dulces de azúcar y huevo que fingen el canibalismo sacro: si uno se come a los muertos simbólicamente, es porque los quiere y no les tiene miedo.

Los huesos de santo se confeccionan a base de mazapán en la parte externa y están rellenos de crema, chocolate, yema, boniato, etcétera. Los buñuelos son frituras confeccionadas a base de aceite de oliva y harina que tienen forma de bola y están rellenos de crema. Sobre todo, son dulces capaces de conservarse durante mucho tiempo y suministrar una fuente de energía fácilmente digerible durante los meses fríos.
 
 



Los ricos 'panellets' de la gastronomía mediterránea


 


Es el caso, por ejemplo, de las doblaes de Xixona (pan alargado de pasta floja y dulce y con almendra sin pelar), del membrillo, de los pastelillos de boniato... En Galicia se hacen unas empanadas que se comen en los cementerios. Y los panellets (panecillos) de los Países Catalanes y de las Islas Baleares, son predecesores tanto de los tiernos y densos panecillos de mazapán, como de los también muy conocidos huesos de muerto mexicanos. Los panellets son un producto de repostería casera, hechos con almendras, azúcar y yema de huevo básicamente. Aunque en la receta original no se les añadía patata, en la actualidad se les añade una parte de este tubérculo o de boniato. Pueden estar cubiertos de piñones, de almendras, de frutas confitadas, de coco o de chocolate...

Pero si todos estos alimentos señalados hasta aquí son alimentos que se toman en honor de los difuntos, existía toda una suerte de alimentos que eran para los difuntos; esto es, que estaban destinados a ellos. Ya hemos mencionado más arriba las granadas y los piñones que se dejaban para ellos sobre la mesa de la cocina en los hogares campesinos de Ibiza y Formentera; pero hay otros muchos ejemplos. En varias zonas de Francia, en tal día se comen castañas y se dejan unas cuantas encima de la mesa y en peldaños de la escalera, "para los difuntos". Igual costumbre había en Portugal.

En muchas zonas de toda América en tal día se prepara el plato preferido por el difunto. En Tucumán (México) se deja en una habitación. Al día siguiente se lo comen sus deudos, "aunque está ya sin la sustancia" porque la han tomado los difuntos. En otras zonas se los coloca encima de las tumbas. Los modernos productos comerciales que nos han impuesto, como los "huesillos de santo" o similares, no dejan de ser productos que continúan con estas tradiciones, aunque muchas veces ya sea desconocida su procedencia para la mayoría de los compradores.
 
 



La 'queimada' es mucho más que una bebida para
combatir el frío invernal. Es un auténtico rito para
alejar a las brujas e invitar a los amigos ausentes
a sumarse a la fiesta desde 'el otro mundo'


 


El ritual y el conjuro de la 'queimada'
Uno de los grandes rituales del aguardiente a los que podemos recurrir durante la noche de Halloween es la 'queimada', la más tradicional de las bebidas gallegas, y muy similar al 'café caleta' que es tan popular en Ibiza y Formentera. De sus orígenes se sabe poco, aunque se cree que tiene reminiscencias celtas por sus componentes mágico-religiosos y por el objetivo que persigue de ahuyentar brujas, demonios y espíritus malignos, tal como hacían los druidas la noche de Samhain.

Preparar una queimada va más allá de la simple combustión de aguardiente mezclado con azúcar, granos de café y unas cáscaras de limón. Constituye un ritual colectivo, y como ritual es también un acto de fe. Durante la ceremonia se recita un conjuro para alejar a los malos espíritus, los daños, los maleficios, el mal de ojo y al mismo tiempo podemos aprovechar para pedir que nuestras vidas sean dichosas.

Esta deliciosa bebida gallega, rodeada de magia y misterio, se prepara en un recipiente de barro en el que se incorpora aguardiente, azúcar, unos granos de café y cáscara de limón. Las cantidades que hay que utilizar de cada ingrediente dependen de los gustos personales. Se prende el aguardiente y se remueve con un cucharón. "Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas..." garantiza el conjuro. Mientras se elevan las llamas, azules, rojas, amarillas y crepitan las chispas de aguardiente y azúcar se va recitando el conjuro, procurando concentrarnos en lo que estamos diciendo.

Dependiendo del tiempo que dure la combustión del alcohol, el brebaje resultante será más o menos fuerte. Según los gustos personales lo quemaremos más o menos. Una vez apagado el fuego, es el momento de beber tan delicioso brebaje y "cuando baje por nuestras gargantas quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento" según reza el conjuro. Además podemos invocar, a través de las fuerzas de la Naturaleza, a nuestros amigos ausentes o fallecidos e invitarles a que nos acompañen y participen con nosotros de la queimada que estamos preparando, pues así es como el conjuro lo sugiere: "Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada".

La queimada, por su contenido en aguardiente, se utilizaba antaño para curar numerosas enfermedades. Según cuenta la creencia popular, resulta muy útil contra el catarro y el dolor de muelas y oídos. Ayuda a conciliar el sueño y es un remedio muy efectivo contra el dolor de estómago. Después de una comida, no hay nada mejor para hacer la digestión que un buen trago de esa bebida milagrosa. Tomado con prudencia, actúa como antidepresivo y por la mañana calienta el cuerpo y anima el espíritu.

Noche de Halloween, noche mágica, noche purificadora, noche de aguardiente, donde los espíritus de las tinieblas hacen acto de presencia en nuestras vidas. Ahoguemos nuestros miedos alrededor del fuego de una queimada y apartemos a las brujas y demonios maléficos, meigas, hechizos de curanderas, mal de ojo y negros maleficios.

Éste es el conjuro completo:

Búhos, lechuzas, sapos y brujas.
Demonios maléficos y diablos,
espíritus de las nevadas vegas.
Cuervos, salamandras y meigas,
hechizos de las curanderas.
Podridas cañas agujereadas,
hogar de gusanos y de alimañas.
Fuego de las almas en pena,
mal de ojo, negros hechizos,
olor de los muertos, truenos y rayos.
Ladrido del perro, anuncio de la muerte;
hocico del sátiro y pie del conejo.

Pecadora lengua de la mala mujer
casada con un hombre viejo.
Infierno de Satán y Belcebú,
fuego de los cadáveres en llamas,
cuerpos mutilados de los indecentes,
pedos de los infernales culos,
mugido de la mar embravecida.

Vientre inútil de la mujer soltera,
maullar de los gatos en celo,
pelo malo y sucio de la cabra mal parida.

Con este cazo levantaré las llamas
de este fuego que se asemeja al del infierno,
y huirán las brujas a caballo de sus escobas,
yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.

¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden
dejar de quemarse en el aguardiente
quedando así purificadas.

Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males
de nuestra alma y de todo embrujamiento.

Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego,
a vosotros hago esta llamada: si es verdad
que tenéis más poder que la humana gente,
aquí y ahora, haced
que los espíritus de los amigos que están fuera,
participen con nosotros de esta queimada.

Y éste es el conjuro, en su lengua original, el gallego:

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.
Demos, trasgos e diaños,
espritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas,
feitizos das manciñeiras.
Podres cañotas furadas,
fogar dos vermes e alimañas.
Lume das Santas Compañas,
mal de ollo, negros meigallos,
cheiro de mortos, tronos e raios.
Oubeo do can, pregón da morte ;
fuciño do sátiro e pé de coello.

Pecadora língua de mala muller
casada cun home vello.
Averno de Satán e Belcebú,
lume dos cadavres ardentes,
corpos mutilados dos indecentes,
peidos dos infernales cús,
muxido da mar embravescida.

Barriga inútil da muller solteira,
falar dos gatos que andan a xaneira,
guedella porca de cabra mal parida.

Con este fol levantarei as chamas
deste lume que asemella as do Inferno,
e fuxirán as bruxas a cabalo das súas escobas,
índose bañar na praia das areas gordas.

¡Oíde, oíde ! os ruxidos que dan
as que non poden
deixar de quemarse na aguardente
quedando así purificadas.

E cando este brevaxe baixe polas nosas gorxas,
quedaremos libres dos males da nosa ialma
e de todo embruxamento.

Forzas do ar, terra, mar e lume,
a vos fago esta chamada : si é verdade
que tendes mais poder ca humana xente,
eiquí e agora, facede
cos espritos dos amigos que están fora,
participen con nós desta queimada.
 
 



Josep Riera - Ibiza, 2005 (con información propia y de Internet)


PARA SABER MÁS
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(En castellano y en catalán)

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- Noche de sortilegios
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- La muerte, paso hacia otra realidad
- El ancestral culto a los muertos
- El influjo de lo sobrenatural y la superstición
- Los espíritus familiares
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